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Un cañuelense en La Habana

Desde hace un año Elías Carrizo estudia en La Escuela Latinoamericana de Medicina. El Estado cubano cubrirá todos sus gastos hasta que reciba el título de médico generalista. Conocé esta experiencia solidaria de Cuba con los pueblos del mundo.

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A Elías Carrizo no le gusta el mate y por lo tanto no necesita salir corriendo detrás de los contingentes de turistas argentinos en busca de un paquete de Taragüi, un producto totalmente exótico en Cuba; pero sí extraña el fútbol y los amigos, las dos cosas que todavía lo mantienen atado a Cañuelas.

Luego de un breve paso por la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, donde emprendió la carrera de Ciencias Políticas, tuvo que abandonar por razones económicas. Comenzó a trabajar en Mercedes Benz y en plena crisis de las automotrices se quedó sin empleo. Con la indemnización decidió viajar a Cuba de vacaciones para visitar a su amigo Elías Arrieta (hijo del intendente), estudiante en la Escuela Latinoamericana de Medina (ELAM).

Ese primer contacto con Cuba y su interés por estudiar una carrera de utilidad social lo llevaron a solicitar una beca en la embajada cubana en Argentina.

“Me anoté, me la dieron enseguida y al mes estaba volviendo a Cuba para quedarme. Sólo me pidieron el título secundario y se fijaron en mi situación económica. Si bien las Ciencias Políticas me seguían interesando, opté por la medicina porque considero que es una carrera más concreta para ayudar al prójimo desde varios aspectos, desde lo humano, lo social y lo científico” contó Elías durante sus recientes vacaciones en Cañuelas.

Desde hace un año Elías, de 24 años, vive en un campus del barrio de Santa Fe, en el límite de la capital, reservado para los cuatro mil extranjeros que estudian en la ELAM. Hay estudiantes de toda América, incluso de Estados Unidos; de Oceanía, Africa y Asia.

Excepto los pasajes de avión, el Estado cubano financia todos sus gastos de comida, hospedaje, libros, chaqueta y pantalón, elementos de higiene personal y jabón en polvo para lavar la ropa. Incluso les brindan un pequeño salario que pueden utilizar para el transporte.

El régimen de funcionamiento del campus es muy estricto. Se cursa de 8 a 11.30 y de 13 a 16.30. El desayuno se sirve de 7 a 8 (generalmente café con leche y pan con queso). En el almuerzo y la cena no falta el arroz con pollo o la jamonada de puerco (jamón) y la merienda suele ser un vaso de yogur o jugo de fruta con pan y queso. El acceso a internet es limitado. Generalmente disponen una hora como máximo de conexión por semana.

ESTUDIAR MEDICINA EN CUBA


 La Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM) se creó en 1999
como parte de la tradición solidaria del pueblo cubano con otros pueblos del mundo. Esta universidad tiene la misión de formar Médicos Generales Básicos orientados hacia la atención primaria de la salud, con una formación no sólo científica sino también humanista, ética y solidaria.

Luego de haber cursado un “premédico” de seis meses, Elías comenzó la carrera de seis años, equivalente al título de médico clínico de Argentina, aunque con una orientación en gineco-obstetricia.

“Es un modelo que tiene mucha más relación con lo social. A partir de primer año vamos a los policlínicos y consultorios una vez por semana y a partir del tercer año tenemos que estudiar todos los días trabajando con el paciente”.

Si bien la isla se caracteriza por su importante inversión presupuestaria en salud pública, falta instrumental de última tecnología. Esa carencia, asegura Elías, los lleva a buscar caminos prácticos y alternativos para tratar la enfermedad.

“Cuba está bien, está mejorando, pero tiene la contra de la mala prensa que le hacen en el mundo. Yo estoy viviendo allá y puedo asegurar que hay cero por ciento de desnutrición. Es el país con más baja mortalidad infantil y tiene cero por ciento de analfabetismo. Ningún otro país del mundo puede exhibir esos resultados”.

¿Qué pide Cuba a cambio de esta inversión en la formación de estudiantes extranjeros? “No piden nada –asegura Elías –. Ni siquiera nos tenemos que quedar a hacer una residencia. Cuando termine mi carrera, si no me quedo a hacer una especialización, tengo que volver a la Argentina. Tampoco nos bajan línea política. Por supuesto que hay charlas políticas a las que vas si querés. De hecho hay compañeros míos que están en contra de la política cubana y lo manifiestan abiertamente, dicen que simplemente van por el prestigio que tiene el título médico cubano en el mundo, aunque me parece un contrasentido quejarte del sistema cubano y a la vez aprovechar sus recursos”.

Elías reconoce que hay muchos jóvenes que no ven con buenos ojos que su país destine tantos recursos a los extranjeros. “A algunos les cae mal y sienten que le quitamos el pan de cada día. A los cubanos no les falta nada, pero sienten que el país podría invertir eso en ellos”.

Esa visión, asegura Elías, obedece a que los jóvenes de Cuba crecieron en el modelo fidelista y por lo tanto no pueden comparar con otra forma de vida. “Los más viejos son los que aprecian de otra manera lo que tienen hoy”.

Si bien la isla le parece un bello lugar para quedarse, dentro de cinco años se imagina de regreso en la Argentina. “Me gustaría recorrer el país y trabajar en las provincias. Soy demasiado argentino. El fútbol y los amigos me tiran demasiado”.

Mientras tanto, en esa Babel de lenguas que es el campus habanero, Elías y otros argentinos le hacen una gambeta a la nostalgia jugando el clásico sudamericano contra los compañeros brasileños.

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