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Diez ciclistas hicieron el doble cruce de la cordillera

Silvina Godoy, Vivian Rodríguez, Angel Panchito Rodríguez, Hugo Bustamante, Jorge Meji, Horacio Uceda, Armando Galant, Pepe Lalueza y Nancy Silva (logística) realizaron el cruce desde San Martín de los Andes hacia Chile. El relato del viaje, en primera persona.

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Un alto en el camino, con la bandera cañuelense. Fotos: Jorge Meji.

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“Ansias de pedalear”. Ese fue el lema de un grupo de ciclistas de Cañuelas que realizamos un doble cruce de la cordillera hacia Chile partiendo desde San Martín de los Andes.

Después de poner en condiciones las bicis iniciamos la marcha hacia el paso fronterizo de Hua-Hum, donde tuvimos que cumplir con los requisitos migratorios.

Fuertes subidas en el camino nos indicaban que a pesar de los imponentes paisajes, el pedaleo no sería nada fácil.

Tras sortear unos cuantos kilómetros el camino nos condujo hacia la única opción de continuidad: embarcarnos en una balsa y navegar por el Lago Pirehueico por más de una hora en dirección a Puerto Fuy y así darles un merecido descanso a nuestras piernas.

Con clima inigualable, rodeados de una espesa vegetación y añosos árboles, apareció Neltume, una pintoresca aldea chilena caracterizada por sus casitas construidas totalmente en madera. 

Soledad Ermocilla, una reconocida atleta de San Martín de los Andes, oficiaba de guía haciéndonos conocer los lugares, historias, flora y fauna del lugar, además de enseñarles a los más novatos las técnicas de cómo realizar los descensos y las pendientes del camino que irrumpían a la vuelta de cada curva, y así evitar una segura caída.

Ante la omnipresencia del Volcán Choshuenco, cubierto de nieve, nos dirigimos a Liquiñe, otro pequeño poblado de montaña. Enfrentando los duros 1123 msnm, arribamos al paso Caririñe. Pendientes muy importantes hacían estragos en algunos, que no tenían otra alternativa que bajarse de la bicicleta y caminar… Pero todo cesó cuando ante nuestra vista aparecio el hito que marca la división de ambos países. Ya estábamos en casa nuevamente, en nuestra querida Argentina. 

Abrazos, emociones compartidas, algunas lágrimas. ¡Lo habíamos logrado! En esa etapa el camino se transformó en un tobogán incontrolable hacia San Martín de Los Andes, donde nos esperaban con un reparador chivito al asador.

Hubo varias caídas, raspaduras, magullones… pero poco importaba. Fueron cinco días y 215 kilómetros recorridos. Todo muy resumido... los detalles quedaron grabados para siempre en nuestras retinas…

Jorge Meji
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