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Daniel Roncoli y otro homenaje al potrero

En esta entrevista el escritor cañuelense anticipa su segundo trabajo, "Resaca de potrero", que saldrá a la venta el 20 de noviembre.

Tras el éxito de "Instrucciones para embellecer el domingo" (agotó en pocos meses la tirada de mil ejemplares), el cañuelense Daniel Roncoli presentará a fines de noviembre su nuevo libro "Resaca de potrero", un mix de cuentos, poemas y semblanzas de fútbol.

En este texto Roncoli retoma las pasiones y obsesiones de su primer texto: la barra de la infancia, los cracks que cubrió el polvo del olvido, la poesía subyacente del potrero, la magia que aún pervive en el fútbol-espectáculo de hoy en día y el deporte como espejo de la sociedad.

El prólogo es del escritor Eduardo Sacheri y el epílogo es de Ariel Scher, periodista del suplemento deportivo de Clarín reconocido por sus columnas de color en las ediciones del domingo.

En la contratapa hay un texto que armó Mario Alberto Kempes con su rúbrica de puño y letra.

En un diálogo vía correo electrónico -entrecortado por sus repentinas corridas al ensayo de "Extraña pareja ", la obra en la que actuará a partir de diciembre- Roncoli habló con Infocañuelas sobre esta segunda incursión en el terreno literario.

-Tu primer libro contiene material sobre fútbol escrito para gente que no necesariamente gusta del fútbol o sabe del deporte. ¿Eso se vio reflejado en la respuesta del público, es decir, pudiste acceder a un público no futbolero?

-Sí, por suerte sí. Tuve algunas referencias de lectores. Aisladas, nada farragoso o aluvional, pero me han hecho comentarios -o llegado correos- del primer libro en los dos sentidos. Gente que se quedó en lo lineal, algún homenaje o ajuste de cuentas sentimental con un ídolo del fútbol, una mirada de un libro ciertamente deportivo; y mujeres u otro tipo de lectores que encontraron las puntas del ovillo de la ficción y de los temas subyacentes. Como en la vieja frase, considero que en estos libros el fútbol es el árbol... hay que ver quién se quiere meter al bosque.

-Cuáles fueron las mayores sorpresas que te llevaste con Instrucciones...
-Muchas y de distinta índole. Por ejemplo, ver emocionado y cuasi llorando a Bochini en la presentación de Buenos Aires por un texto que le dediqué cuando le han escrito tanto, fue algo curioso para mí. Sobre todo porque cuando leí el texto una vez terminado y hasta cuando se lo escuché leer a Walter Saavedra a mí no me pasó nada de lo que me había sucedido al plasmarlo. Me apareció un crítico y medio que me desilusioné con lo que había escrito. Pensé, ¡qué porquería! Las lágrimas del Bocha me autoliberaron de algunos fantasmas y me puse más piadoso conmigo. Recibir observaciones y mensajes vivos, emotivos, de personas desconocidas desde Brasil, Chile, España o los Estados Unidos, fue otro shock. Se pierde el gobierno de la obra una vez que se la expone -yo en mi caso ya lo hago en los originales ya que casi no corrijo, me gusta dejar todo como salió espontáneamente aunque aspectos no me gusten tanto- y no se sabe muy bien para dónde va. Que llegara el eco de lectores absolutamente desconocidos, a los que por alguna circunstancia el libro les apareció en sus vidas, fue confirmar esa aventura que, efectivamente, no tiene confines.

-Había, en instrucciones, algunos homenajes a jugadores de Cañuelas. ¿Esto se repite en el segundo?
-Sí, por supuesto, es una de las obsesiones. Están los poemas al Flaco Perrotta o Moyo Junco. Es más, en la tapa aparece una camiseta de Cañuelas y hablo mucho del pueblo porque todos los textos, aún los más distantes y lejanos, tienen condimentos autobiográficos. Expuesto esto sin pedantería creo que uno siempre está hablando de uno aunque escriba de la hibernación del oso.

-En la presentación del primer libro, en Hueney, Julio Del Valle dijo algo que fue muy atinado:

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RONCOLI EN UN PING-PONG DE PREGUNTAS DESABRIDAS CON RESPUESTAS PICANTES

-Fecha de nacimiento: Tengo muchos problemas con los calendarios. Según el maya, soy de tela pierna larga. En cuanto al occidental, según Clarín nací bien entrada la década del ochenta. ¿Ustedes le creen a los diarios? Yo sí, aunque ahora me agarraron dudas si era una nota sobre mí o sobre Soledad Pastorutti. Para Horangel, que me hizo la carta natal, no existo. Lo único que tengo claro es que soy de Piscis, me lo recuerdan seguido por mi condición de pescado.

-¿Eras buen o mal alumno?: ¿En relación a quién? Si tomamos como parámetro a Palmiro Caballasca o al Batata Olmedo, un pibe que vivía por la plaza Belgrano, malo. Si me comparás con las blancas palomitas que aparecen hoy en los noticieros vinculados a tiernos hechos de actualidad, supongo que bueno. Por lo menos nunca me encontraron una escopeta recortada en el portafolio.

-¿Alguna maestra influyó en tu pasión literaria?: Dos. Maestro y Vaiman.

-Rituales que tenés para escribir: Paseo en pony y veo películas en las que trabaje Elina Colomer.

-Horarios preferidos para escribir: Cualquiera, con tal de no laburar.

-Cómo escribis (cuadernos, pc, máquina de escribir, servilletas...): En restaurantes, en servilletas, pero de tela. Escribo cosas geniales sobre género pero jamás llego a rescatarlas porque cuando los mozos lo advierten me sacan a patadas en el trasero... Pienso que cuando muera algún vivo del rubro gastronómico va a publicar una obra inédita y buena mía.

-Dónde escribís: Especialmente en trenes que van hacia Ezpeleta.

-Tu mejor metáfora: Como un envoltorio de bombón me voy quedando con tu piel. De "Cartas para mi amante sarnosa".

-Tu autor preferido: ¿En prosa o en verso? En verso, la sanata de Fidel Pintos.

-Tu libro preferido: "Cómo responder a ping pongs de preguntas y respuesta" de William Silvio Soldán. ¿Se nota mucho que no lo terminé de leer?

-Mejor pelicula: Canuto Cañete, conscripto del siete. La primera de la saga. Y "La Película", que se rodó en Cañuelas donde Daniel Lespada aparece como extra.

-Banda/intérprete preferido: La orquesta de Alain Debrais y Mikken Risemberg, un neocelandés que cantó todo el repertorio de Rodolfo Zapata en su lengua madre.
-Hincha de: Cañuelas y El Caballero Rojo.

-Un gol inolvidable: Uno mío, en un San Martín-Los Aromos. Me la dio nuestro arquero en el área chica, a la salida del córner, gambeteé nueve y cuando llegué al otro arco, muy cansado, eludí al arquero, me senté sobre la pelota para tomar aire y la metí finalmente de rabona. Lástima que me despertaron. También me gustó mucho uno de Metegol que hizo Pototo Baztarrica frente a la escuela industrial con una de sus armas bactereológicas: la bola lenta. Era un prodigio para ese arte.

-Un ídolo: El Profesor Neurus.

-Un lugar de Cañuelas: El rinconcito del cuarto de mapas de la Escuela Número 1. Vivía ahí, en penitencia.

-Un lugar de Buenos Aires: El palier del departamento de Nicky Jones. ¡Ahí sí que pasan cosas

(04-11-06)

®INFOCAÑUELAS.