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“Tuve Covid y me lo curé con cáscara de naranja”, los insólitos dichos del uruguayo que atacó a la escribana Mathieu

Está detenido por “secuestro coactivo”; mañana declara ante la fiscal Norma Pippo. ¿Cómo lograron que se entregara?

Está detenido por “secuestro coactivo”; mañana declara ante la fiscal Norma Pippo. ¿Cómo lograron que se entregara?

“Tuve Covid y me lo curé con cáscara de naranja”, los insólitos dichos del uruguayo que atacó a la escribana Mathieu

 Primeros minutos del incidente. Augusto de la Rosa.

La escribana Julieta Mathieu sufrió ayer los momentos más conmocionantes de su vida. A las 10.30 un sujeto irrumpió en su oficina, le apoyó un cuchillo en el cuello y a los gritos le exigió una escritura. Durante 90 minutos la mantuvo retenida, en un clima tenso. Su madre, Elena Lamarca, de más de 70 años, alcanzó a escapar por una puerta del fondo. 

Esta mañana la escribana Mathieu, de 46 años, declaró ante la fiscal Norma Pippo. Contó que al principio no identificó al agresor  porque llevaba tapabocas, pero que luego se dio cuenta de que era Héctor Darío Sierra, un antiguo cliente de su madre. Detalló que el hombre, en estado de extrema excitación, la tomó de los pelos, la sentó en una silla y apoyándole la hoja de la faca en la garganta le ordenaba la entrega de una escritura.

En menos de 10 minutos la policía ya estaba enterada del incidente. ¿Cómo? Otro cliente que se disponía a entrar escuchó los gritos de Sierra y le avisó al oficial de calle Rabello, que estaba en las inmediaciones. Además, al escapar por el fondo de la oficina, Elena Lamarca se reunió con su hijo, quien llamó a la policía; y en simultáneo llamó a su yerno, Martín Rivarola, quien también se ocupó de alertar a las autoridades. Dos efectivos que ingresaron por otra puerta se llevaron a Lamarca para protegerla. 

Primero el comisario Damián Leiva -titular de la Comisaría 1ra.- y luego el comisario Inspector Marcelo Silveyra -titular de la Policía Comunal- hablaron con el agresor. Lo hicieron a través de una puerta vidriada. En tono amable le decían que estaba “equivocado” y lo invitaban a entregarse.

“El hombre decía muchas incoherencias, hacía una ensalada de temas. Hablaba de los jesuitas, de un accidente y del coronavirus. Yo lo escuchaba y hacía como que anotaba, para no contradecirlo”, relató Silveyra a InfoCañuelas. En la vereda se encontraba Pablo Ober, el secretario de la fiscal Norma Pippo, quien se ofreció a sumarse a la negociación “El fiscal quiere hablar con usted, ¿lo dejamos entrar?” le preguntó Silveyra. Y Sierra accedió.

Desde un primer momento Ober intentó empatizar con el sujeto, por eso le preguntó de dónde era. “Soy uruguayo”, le respondió. El secretario le contó que su padre era también oriental, que tenían el mismo acento. Entonces Sierra se relajó y contó que era de Punta del Este, que estaba en Argentina desde hacía muchos años. 

El grupo Halcón llegó con varios efectivos y un negociador que no alcanzó a intervenir. Foto: Augusto de la Rosa.

Más tranquilo, contó que tuvo Coronavirus y que por eso no pudo dirigirse antes a la escribanía. “El Covid es una mentira, yo me recuperé al toque. Me curé con cáscara de naranja y alcohol. Si me lo pedís a mí, en dos horas te soluciono  la pandemia, me comprometo”, aseguró Sierra, que oscilaba entre un discurso coherente y otro totalmente desconectado de la realidad. Por momentos parecía tranquilo y de pronto se alteraba al punto de tomar los cabellos de su víctima para zamarrearla.

Siempre bajo un clima de tensa calma dijo que era propietario de un campo de 70 hectáreas en Marcos Paz. Que se lo habían usurpado. Que ese campo había sido de los jesuitas. Que hace unos años sufrió un supuesto accidente que en realidad fue un atentado. Que ganó el juicio y que hubo un fallo por 100 mil dólares en su favor, pero que jamás lo pudo cobrar porque la empresa aseguradora Omega quebró.

Todos estos diálogos transcurrían con el agresor parado detrás de la escribana mientras le apoyaba la faca en la garganta. Mathieu estaba pálida y temblando, al borde del desmayo. En un momento le acercaron un tranquilizante y un vaso de agua, pero ella tomó sólo el agua, siempre bajo la amenaza del cuchillo.

“¿Entonces en qué te podemos ayudar?” le preguntó Ober. Sierra le pidió que leyera unos papeles judiciales, parte del expediente del campo que el uruguayo reclama como propio y que desde su óptica se encuentra usurpado. “¿Por qué no dejás esta locura y hacés la denuncia?” lo tentó Ober. Sierra dudó, pero el secretario de la Fiscalía volvió a la carga: “Dale, hacé la denuncia. Si querés te paso con la doctora Pippo y hablás con ella”. Con el teléfono en altavoz intercambió unas palabras con la fiscal, quien le aseguró que lo recibiría.

Fue así como Sierra se convenció y al pedido de Ober, arrojó el cuchillo a sus pies. “Ahora dame a la señora y podés irte a hacer la denuncia” le pidió Silveyra, que entonces abrazó a la escribana Mathieu y la retiró del lugar.

Varios efectivos de los grupos especiales GAD, Halcón y UTOI rodearon a Sierra, lo esposaron y le quitaron un cuchillo y una navaja que tenía entre sus ropas. Justo en ese momento llegaba el negociador del grupo Halcón, que no alcanzó a intervenir porque la situación fue controlada por las fuerzas locales.

Sierra, de 59 años, quedó detenido por el delito de “Secuestro coactivo”, que prevé una pena de 5 a 15 años de cárcel. Mañana será indagado por la fiscal Norma Pippo.

Como lo reveló InfoCañuelas, en 1997 Sierra le vendió en cuotas a Jorge Luis Porro una fraccción de 8,5 hectáreas en Marcos Paz. Al tiempo se arrepintió de la operación pretendiendo deshacerla. El comprado se opuso, fue a la justicia y en 2012 ganó la demanda. El titular del Juzgado Civil y Comercial Nro. 8, Eduardo Esteban Briasco, dictaminó hacer la escritura a nombra de Porro, pero Elena Lamarca, que había realizado el boleto de firma certificada 15 años antes, renunció a la operación porque ya estaba jubilada. Se designó entones una nueva escribana, Guadalupe Morales, quien retomó el trámite de escrituración. Se cree que al advertir que dentro de poco tiempo el juez ordenará la entrega del campo a Porro, Sierra hizo un último intento desesperado por apropiarse de la escritura para dilatar ese momento.

En rigor, la escritura que buscaba ni siquiera estaba en la Escribanía Lamarca. Al haber un proceso judicial la documentación se encuentra en poder del Juzgado Nro. 8. Lamarca jamás retuvo la escritura de manera ilegal mientras que su hija terminó siendo una protagonista involuntaria de este dislate.

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