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| Cultura y eventos

“Los 5 hermanos”. Cinco décadas de permanencia en la gastronomía cañuelense

Instalado a principios de los 70, el restaurante fue declarado “Patrimonio Cultural” en 2017. A pesar de haber superado la pandemia, los hermanos buscan cerrar una etapa con la venta del negocio.

Instalado a principios de los 70, el restaurante fue declarado “Patrimonio Cultural” en 2017. A pesar de haber superado la pandemia, los hermanos buscan cerrar una etapa con la venta del negocio.

“Los 5 hermanos”. Cinco décadas de permanencia en la gastronomía cañuelense

Era cerca del año 1955 y en un barco que cruzaba el Océano Atlántico, Ágata partió de Italia hacia la Argentina para escapar del hambre de la posguerra europea. Con ella viajaban los pequeños Capistrano; todos esperaban reencontrarse con papá Emanuel, quien había arribado al país un tiempo antes. Paradojas de la vida, Francisco, Domingo, Pino, Nicola, Tomás y sus padres se radicarían definitivamente en Cañuelas en enero de 1970 para alimentar a tres generaciones de cañuelenses en su tradicional restaurante “Los 5 hermanos” y otros emprendimientos gastronómicos.  

Tomás, el más chico, es el único que nació en suelo nacional; el resto proviene de la región itálica de Calabria, más precisamente de Catanzaro. Como millones de inmigrantes que desembarcaron en Buenos Aires en el siglo pasado, ayudaron a construir los cimientos del país mediante la ‘cultura del trabajo’ arraigada en el viejo continente; por ello desde chicos comenzaron a trabajar en distintas ocupaciones.

Antes de establecerse en Cañuelas, los Capistrano vivieron en los partidos bonaerenses de Quilmes, Avellaneda y Tres de Febrero. 


Los hermanos Capistrano a poco de su llegada al país.

Mientras Emanuel era operario en la fábrica Siam de Valentín Alsina –Lanús–, sus hijos se involucraron en el ámbito culinario de la mano de diferentes familiares, por ello, ya en su adolescencia contaban con cierta experiencia en el sector.   

LLEGADA A CAÑUELAS

Desde 1964 algunos hermanos trabajaban en la pizzería de un tío en la localidad de Carlos Caseros, partido de Tres de Febrero. Estaban a media cuadra de la estación de trenes por lo que el movimiento laboral era constante. Otra parte de la familia se encargaba de administrar una fonda ubicada enfrente del comercio pizzero.   

Por una relación de parentesco les llegó la recomendación de probar suerte en Cañuelas. Entonces, Domingo y Pino –adolescentes que rondaban los 18 años– vinieron por un mes a conocer la zona. 

“El Cañuelas de aquella época era divino, un paraíso. En Caseros estábamos acostumbrados al ruido, había mucha gente y acá era una cosa que no habíamos visto. Me gustaba tanto que caminaba desde la Finaco al centro, era todo descampado y el centro chiquito. Al ver que había una posibilidad de trabajo para todos juntos nos vinimos y nos radicamos. Hoy cada uno tiene su casa”, relató Pino Capistrano en una charla con InfoCañuelas. 


Junto a Ágata, alma mater de la cocina.

Era enero de 1970 y la familia emprendió su primer restorán tras alquilar el local gastronómico de la familia Piserá que se llamaba “San José” y se ubicaba en el Km. 64 de Ruta 3, frente a la Finaco.   

El plato especial era el pollo a la calabresa, cocinado por Ágata (plato que aún hoy caracteriza al restaurante); también ofrecían pastas caseras, guiso de mondongo o lenteja, sopa minestrón, etc. Todo se preparaba en la cocina propia.

Trabajaban mucho con los camioneros, con algo de turismo y posteriormente comenzó a llegar la gente del centro cañuelense. “Se formaban filas infernales por los camiones. Teníamos un predio grande y papá hacia la quinta ahí, todas las verduras eran de nuestra propia huerta. Papá sembraba bien, la gente veía eso y se enloquecía”, recordó Pino. 


Libertad y uta 205 en los años 80.

RESTAURANTE “LOS 5 HERMANOS”

Durante 15 años los Capistrano administraron el restaurante “San José”, y en 1981 compraron el boliche de la esquina de calle Libertad y Ruta 205 al que bautizaron “Los 5 hermanos”, con el cual hicieron historia y superaron las cinco décadas ligados a la gastronomía local.

En sí, este local ya contaba con su propia leyenda. Una placa del año 2017, emplazada en su interior y aportada por el rancho cultural Los Uncalitos, resalta: “Aquí Don Leonardo Tejero fundó a principio del siglo XX el almacén ‘La amarilla’. Esta esquina continúa con actividad comercial hasta el día de hoy”. En la esquina también funcionó la hostería “La Valeria” y posteriormente el “Hotel y Restaurante Capri”. 

Sin embargo, el nuevo impulso que le brindó al establecimiento la familia italiana fue tan importante que su valor fue destacado el 9 de agosto del 2017 por el Concejo Deliberante que lo incorporó dentro del “Patrimonio Cultural del partido de Cañuelas”.


Los hermanos junto a papá Emanuel.

“Acá llegaban los carros lecheros del campo y pasaban la leche al camión. Siempre hubo un bolichito. Esto era del gallego Tejera, que fue el que lo hizo; después vino Roco, luego Rapeti y nosotros le compramos a él”, agregó Capistrano.

Por unos años los gastronómicos mantuvieron ambos restaurantes y sumaron nuevos proyectos como la apertura de la confitería Scilla –1980–. Más tarde abrieron una granja en el centro y otros emprendimientos culinarios, uno de ellos en el distrito vecino de Lobos. 

Desde que los Capistrano tomaron posesión del establecimiento fueron testigos privilegiados de los cambios acaecidos en la zona. Por ejemplo, cuando los hermanos llegaron a esta esquina la Ruta 205 era de una mano y el pasaje Antonio Díaz no existía, el barrio Libertad era casi campo, la Av. Libertad era mano única hacia la ruta, luego cambió de sentido hacia la estación de tren y se erigió un arco metálico de vereda a vereda con la inscripción “Bienvenidos a Cañuelas”.


Reconocimiento de Los Uncalitos.

A pesar de esta dinámica social y estructural –incluso familiar, ya que Nicola y Tomás dejaron el trabajo en el restorán–, algunas virtudes permanecen inalterables como la ‘política’ de abrir de domingo a domingo, la elaboración casera de todos los platos ofrecidos en el menú y la pasión por el trabajo. 

Desde aquellos lejanos 80 hasta la actualidad el comercio nunca cerró sus puertas, excepto por alguna fecha especial o algún feriado. Con mucho esfuerzo y entre dudas superaron la suspensión de la actividad por la pandemia del coronavirus, que fue la etapa más difícil del negocio.

El tiempo pasa y luego de 60 años dentro de rubro gastronómico los Capistrano preparan su retiro mientras buscan vender el local. “Estamos cansados, nos gusta pero ya estamos grandes. Realmente estamos muy cansados, así que el local está en venta hace rato. Lo vamos a extrañar por el contacto con la gente pero mientras tanto seguimos trabajando como siempre”, se sinceró Pino. 

 


Marcelo Romero