CARLOS VEGA, SEGUN SU SOBRINA
"Era muy loco y muy avanzado para su época"
Carlos Vega murió
en su departamento de Buenos Aires, a media cuadra del obelisco, en febrero de
1966, víctima de un cáncer de piel. Lo acompañaban unos pocos amigos, su hermana
y su sobrina, Graciela Horne, quienes lo cuidaron hasta sus últimos días.
Graciela es
docente, directora de la Escuela del Sol, en Ciudad de La Paz y Jorge Newbery, y
es quien atesora los apuntes personales, fotos y recuerdos del gran musicólogo
cañuelense.
Esta semana, en diálogo telefónico con El Ciudadano, contó algunos aspectos desconocidos de su tío, como su afición al teatro y su personalidad "ocurrente y divertida".
–¿Qué recuerdos tiene de Vega?
–Era un hombre muy divertido. Cada vez que volvía de sus viajes, en el norte, traía muchos regalos y anécdotas. Pero no es que simplemente no daba los regalos. Armaba como un teatro de títeres y los regalos, generalmente cosas autóctonas, iban apareciendo de manos de los muñecos. Los hacía hablar y les hacía contar cosas. Para nosotros era fascinante.
–Es decir que en la intimidad no era un hombre solemne.
–En absoluto. Era un intelectual que llegó a dar clases en La Sorbona de París, pero con nosotros era sumamente divertido y ocurrente. Siendo muy chico se tiró desde el techo de su casa, en Cañuelas, con un paraguas, para ver si volaba. A los 18 años se le ocurrió que quería viajar y entonces se metió de polizonte en un barco, pero lo descubrieron y lo bajaron inmediatamente. Era muy loco y muy avanzado para su época.
–¿Cuándo se fue de Cañuelas?
–Se fue de a poco, a los 18 ó 19 años. Antes de dedicarse a la musicología hizo un viaje de dos años por todas las provincias. Cada tanto se iba y volvía agotado, flaco, hambriento y pobre. Esa vez que lo atraparon en un barco, cuando llegó a Cañuelas mi abuelo Antonio dijo "Pobre chico, está mal, vamos a llamar al médico". El médico lo revisó y dijo que había que internarlo. "¿Pero qué tiene, apéndice?, preguntó mi abuelo. "No, está loco como una cabra", respondió el médico.
–¿Cómo era la relación con los padres?
–El tenía una mamá muy tradicional, monárquica y de rancia estirpe española, y un papá muy de avanzada, muy moderno, casi socialista. Ella tenía adoración con él y él con ella. En realidad era muy cariñoso y familiero. Era muy amigo de mi madre y de todos sus hermanos y cuñados. Además, era muy enamoradizo. En Cañuelas tuvo muchos líos con las mujeres, porque era un pueblo chico donde todo se sabía. Seguramente en Cañuelas rompió muchos corazones porque era muy pintón, muy fino y seductor. Otra anécdota que recuerdo es que una época en la que tenía mucho trabajo y no podía leer los diarios, cuando le contábamos las novedades siempre decía, como una muletilla, "Es un acto de arrojo". Ante cualquier comentario que le hacíamos respondía "Es un acto de arrojo". Aún hoy esa frase se sigue usando en la familia.
–¿De quién heredó la pasión por la poesía y la música?
–De la madre, que era muy culta. Casi todo el tiempo ella le cantaba y toda la familia se reunía para leer poesía y escuchar música.
–¿Estaba enojado con Cañuelas?
–No, tenía mucho cariño por Cañuelas.
–Sin embargo, en muchos poemas habla con cierto resentimiento hacia su ciudad natal. La veía demasiado conservadora y le molestaba que no se reconociera su genio.
–Es que para irse tenía que enojarse un poco con su pueblo. Pero siempre volvía.
–¿Qué otros gustos tenía además de la música?
–Le gustaba mucho el teatro. Tiene varias obras escritas y de hecho mientras vivió en Cañuelas actuó en varias representaciones. Hace un tiempo, con mi nieta Tamara Rinaldi, hicimos arreglos de una obrita de Vega que se llama "Celos" y la dimos en mi escuela. Actuaron maestros, padres y alumnos y la verdad es que gustó mucho. Todo lo que escribió sobre teatro siempre tiene muchos equívocos y enredos.
–¿Su idea es publicar estas obras desconocidas?
–No sé si son tan
buenas como para publicarlas. Su mejor obra literaria es la poesía. El teatro
era como un hobbie. De todas maneras es un desafío que queda para cuando me
jubile... Voy a tener que hacer algo con todo eso porque es una pena que se
pierda.
Germán Hergenrether
Para: semanario El Ciudadano.